¿La colonia de vacaciones y su agenda de actividades, propia, o quedarse a remolonear en casa?
El verano siempre fue sinónimo de cosas buenas: dÃas sin horarios, halados en la vereda, bici, pelota y pileta para los más afortunados. Pero ¿cuánto de esto es posible para los chicos de hoy, cuyos padres trabajan y no disponen del tiempo libre para disfrutar de sus hijos? ¿Son las colonias de vacaciones una buena opción par reemplazar estos placeres de antaño?
Los especialistas no se pronuncian ni a favor ni en contra: aconsejan, ante todo, respetar las necesidades de cada niño. Las colonias son una buena opción para jugar al aire libre y hacer nuevas relaciones, siempre y cuando no sean una nueva exigencia de actividades y horarios estructurados. ¨ Los chicos viven en una vorágine de actividades todo el año y las vacaciones tienen que significar un corte con ese ritmo, la posibilidad de reencontrarse con el descanso y el juego perdido ¨ afirma la psicóloga Alejanda MarroquÃn, de Centro Dos.
Eugenio Briamonte (8) quiere ese descanso. Va durante el año a un colegio trilingüe jornada completa y suma actividades extraescolares: piano, natación, fútbol. El año pasado su mamá logró convencerlo de que fuera a la colonia. ¨ Me pareció aburrida, hacÃamos lo mismo que en gimnasia en el colegio, no tenÃamos pileta libre y por dÃa sólo nos dejaban diez minutos para jugar ¨, se queja. Estas vacaciones Eugenio no quiere saber nada con ir a la colonia. ¨ Estoy cansado. Prefiero quedarme en casa con Nilda – la señora que lo cuida-, dormir, jugar a la computadora y meterme en la pileta.¨
Paula Majera (40), su mamá, lo comprende. ¨ No quiere andar corriendo como loco y estar todo el dÃa afuera, porque lleva ese ritmo el resto del año ¨, dice con resignación, porque ahora tendrá que poner en marcha un plan B para congeniar las vacaciones de sus hijos con su trabajo.
El mercado es generoso en ofertas recreativas para el verano. Para Beatriz Caba, integrante de la comisión directiva de a Asociación Internacional por el Derecho del Niño/a a Jugar (IPA): ¨ Hay que escuchar a fondo las propuestas y priorizar las condiciones necesarias para los chicos y después las comodidades de espacio y tiempo de los padres ¨ y aconseja: ¨ Si n quieren ir a la colonia no hay que obligarlos ¨.
Trinidad Tosini (7) sà quiere. Esta será su primera temporada, ya dejó la mochila del colegio y preparó su mochila de verano. Está ansiosa por compartir la pileta del club con sus compañeros del colegio. ¨ Le pedà la malla a Papá Noel y me la trajo ¨, cuenta. ¨ Lo que más quiero hacer en la colonia es nadar y jugar al jockey ¨. Y sobre quedarse en casa ni hablar. ¨ Es aburrido ¨, dice entre saltos y medialunas.
Su mamá Laura Tosini (43), eligió mandarla a la colonia para que juegue con otros chicos. ¨ Estamos viviendo tiempos en que los chicos no son dueños de jugar en la vereda, actividad que yo hacia cuando era chica. Mis hijos ni saben si hay otros nenes en la misma cuadra; están todos encerrados rejas adentro por una cuestión de seguridad. ¨
Inés Moreno, presidenta de la asociación Latinoamericana de Tiempo Libre y Recreación (ALATIR) considera que ¨ aprender a utilizar el tiempo, todo el tiempo de la vida, desarrollar alternativas sin la necesidad de un animador en forma permanente, transitar por el aburrimiento y encontrar otras opciones que no sean caer en otra adicción son algunos de los aprendizajes que debe brindar una buena propuesta recreativa ¨. A la hora de elegir una colonia, Moreno considera que debe contemplar ¨ posibilidades de juego no dirigido, de descanso y alternativas expresivas, cognitivas, motrices para que los chicos puedan descubrir modos de expresión diversos y descubrirse en el camino ¨.
En la Declaración por el Derecho del Niño a Jugar, producida en 1977 por IPA, se reconoce ¨ el derecho del niño al descanso y el esparcimiento, al juego y a las actividades recreativas propias de su edad ¨ porque, dicen: ¨ El juego es una forma de aprender a vivir, no un mero pasa tiempo¨.
Que esta si, que esta no.
En principio hay que analizar qué centro recreativo se ajusta a las necesidades de cada niño y su familia. Además, hay que tener en cuenta el transporte, el costo, la comida, el grupo en el que se insertará, el tiempo de estadÃa – jornada simple o completa- y el espacio fÃsico en el que se desarrolla ( natatorios reglamentarios, canchas para deportes). También hay que considerar si hay espacios para el juego libre, y saber cuál es la capacitación del personal a cargo de los chicos.
Sobre este último punto, Caba señala que ¨ el adulto tiene que ser un facilitador del juego, sus planificaciones deben ser abiertas, con múltiples posibilidades de elección. Los objetivos tienen que tener un equilibrio entre lo competitivo y lo cooperativo, donde prevalezcan los valores humanos y el desarrollo integral y paralelo de todas las inteligencias ¨.
También se pueden elegir entre diferentes propuestas, porque cada colonia tiene su encuadre. Puede tener un eje circense, o de vida en la naturaleza; hay colonias que se enfocan más en lo recreativo y otras que hacen hincapié en lo deportivo, con la pileta como eje motivador.
En el caso de las colonias gratuitas de verano que organiza el Gobierno de la Ciudad – que este año albergan a unos 20.000 chicos en 18 centros deportivos- los ejes son: el juego, el deporte, la convivencia en grupo, la expresión y la comunicación.
Según explicaron desde la subsecretarÃa de Deportes porteña, ¨ el objetivo es ayudar a mejorar la calidad de vida, elevar los niveles de desarrollo, de maduración y de aprendizaje de los chicos. Es importante que superen el desarrollo de formar nuevos vÃnculos y de convivir en grupo ¨.
Cuando hay opción.
A veces mandar a los chicos a la colonia es una necesidad. Moreno considera que ¨ que son buena opción para los padres que necesitan tener un lugar seguro donde dejar a sus hijos o bien para continuar con la comida que brinda la escuela durante el año ¨.
Paula trabaja en una fiscalÃa de instrucción criminal como investigadora de delitos graves. Organiza sus horarios y los de sus hijos con la ayuda del colegio y las actividades extraescolares. Pero en vacaciones se desarma toda la estructura. ¨ En diciembre no sólo te abandona el colegio, también todas las actividades que los pibes hicieron durante todo el año ¨.
El año pasado logró convencerlos de que fueran a la colonia ¨ La experiencia fue muy funcional, a las ocho cuando yo me iba a trabajar, a ellos los pasaba a buscar una combi. Estaban toda la mañana al aire libre y muy bien cuidados – jamás vinieron picados por mosquitos ni arrebatados por el sol-: al mediodÃa los recibÃa la señora que los cuida, que se quedaba con ellos toda la tarde hasta que yo llegara ¨.
Desde las colonias también se tienen en cuenta las necesidades laborales de los padres. El Centro de Deportes y Recreación Jugar, con 23 años de experiencia en el rubro, se plantea cada año: ¨ ¿Cómo hacer para que los padres nos confÃen a sus hijos para que ellos puedan trabajar tranquilos? ¨. Y responden: ¨ Brindando la máxima seguridad en el profesionalismo del personal a cargo, el uso de clubes de forma exclusiva para la colonia y proponiendo siempre nuevas cosas para que los chicos no se aburran ¨.
En otros casos, la colonia viene a cubrir una necesidad de asistencia social. Laura GarcÃa (27), profesora de Educación FÃsica que trabajó en distintas colonias de vacaciones, considera que ¨ los chicos de las zonas periféricas que asisten a las colonias gratuitas del gobierno porteño lo hacen porque no tienen otra opción. Saben que allà van a estar bien comidos, bien cuidados y que van a tener n espacio para jugar y meterse en la pileta ¨. ¨ A la vez agrega que estos chicos son los que disfrutan más de la colonia ¨.
A Trinidad no le importa que durante el año no tuvo tiempo para jugar por la agenda que llevaba. Va al colegio doble turno, practica natación y toma clases de plástica. Ella quiere ir a la colonia aunque tenga que viajar en micro casi una hora. ¨ Trinidad es muy inquieta y esa máquina siempre tiene que estar en funcionamiento; si el ritmo para, se aburre ¨ dice su mamá Laura.
Daniela Poczymok (12) también es una chica muy activa. Además del colegio estudia teatro y aprende natación, pero no se le gastan las pilas. ¨ Ir a la colonia es más divertido que quedarse en casa. Tenemos pileta libre y hacemos muchos juegos. Lo que más me gusta es inventar canciones y los campamentos. Además, está bueno por que van muchos compañeros del colegio y también me hago nuevos amigos de verano ¨.
Desde los 5 años, todas las temporadas se la pasó en la colonia de 8 a 17. ¿Cómo terminaba? ¨ Con sueño y toda quemada, pero cuando de chica no te das cuenta que estás cansada ¨. Definitivamente, prefiere el agotamiento al aburrimiento.
Pero, ¿es malo aburrirse? Para Moreno no. ¨ Estamos muy acostumbrados es esta cultura del consumo a hacer uso del chupete de cualquier actividad para acallar la necesidad del niño, pero hay que ayudarlo a reconocerse en el aburrimiento para que encuentre sus propias alternativas ¨.
En las colonias privadas – especialmente en los clubes que trabajan con chicos que van a colegios de doble escolaridad- se apunta a las actividades que son más deportivas que recreativas.
¨ Los padres quieren estimularlos constantemente por que es el nivel de actividad al que están acostumbrados. Que jueguen al rugby, al jockey, al tenis. Súper power, súper top, cantando, bailando, bajo el sol ¨, explica Laura, la profesora de Educación FÃsica.
Recuerda a un nene de dos años – todavÃa no hablaba – que iba a la colonia, y la madre querÃa que aprendiera tenis. ¨ cuando lo venÃa a buscar preguntaba: ¿y aprendió alguna técnica? Sà - le decÃa- : jugamos con las raquetas, tiramos pelotas ¨.
Para Caba, ¨ la sobre exigencia de horarios y actividades competitivas en detrimento del juego tiene consecuencias negativas para la autoestima, el desarrollo de la personalidad y la capacidad de manejo de la propia libertad ¨.
En coincidencia, Moreno señala que probablemente ¨ no se tenga conciencia de que la adicción al trabajo o al tiempo totalmente estructurado es tan temible como cualquier otra adicción ¨.
Tiempo de jugar que es el mejor.
¨ No nos digan siempre no, queremos jugar alo que nos gusta ¨, cuenta Luis MarÃa Pescetti. A Eugenio le encantarÃa la canción. ¨ Desde el jardÃn se niega a participar de las actividades muy reglamentadas ¨, dice su mamá. A la colonia también le dijo que no. ¨ No uso mis cosas durante todo el año. No quiero ir a la colonia, porque las vacaciones son para descansar y quedarme panza arriba en la cama ¨, argumentó Eugenio.
Ante la decisión de su hijo, Paula entró en pánico, no sólo porque se complicaba su panorama aboral sino porque la inquietaba lo que pudiera hacer sus hijos sin supervisión. ¨ Tengo la suerte de vivir en una casa con jardÃn y pileta, pero mis hijos no son muy deportistas: teniendo tele y computadora se quedan felices y ni les importa que haya sol. Obviamente no es la vida que quiero para ellos ¨.
Según MarroquÃn, ¨ Quedarse en casa en vacaciones puede ser un buen momento para reencontrarse con el ocio y el acto creativo a través de actividades como pintar, leer, jugar con amigos o pasear al aire libre ¨. Pero, ¿qué hace con el poder magnético de las pantallas? Lo importante es la cantidad de tiempo que les dediquen. ¨ Hay que pactarlo con ellos de antemano para que no pasen todo el dÃa conectados y ofrecerles opciones alternativas ¨, afirma la psicóloga.
¨ Aprender que en el tiempo libre todo se consume, no todo tiene que tener resolución inmediata, es la gran tarea que tenemos los adultos con nosotros mismos y para con los chicos ¨, sostiene MarroquÃn.
En las antÃpodas del ocio consumista, encontramos el ideal de ocio de los griegos, que lo consideraban como un camino hacia la sabidurÃa por vÃa de la contemplación. Aristóteles incluso pensaba que era un medio para acceder a la felicidad. Según esta concepción, el ocio no debÃa aportar ningún beneficio más allá del logro espiritual.
Pero en nuestros dÃas existen grandes dificultades para vivir el tiempo sin obligaciones. Hasta en las colonias se ve al ocio como una amenaza: ¨ Los padres piensan que tirarse panza arriba o jugar a las cartas debajo de un árbol no es productivo porque los chicos no hacen nada ¨, cuenta la profesora Laura. Y brinda un contraejemplo: en la fundación Pupi, donde Laura trabajó un tiempo, ¨ el objetivo era que los chicos descansen del trajÃn del año. HacÃamos caminatas, juntábamos hojas y hasta dormÃamos la siesta a la sombra ¨. Toda una ofensa a la hiperactividad.
ArtÃculo del suplemento Viva, del Diario ClarÃn (13/01/08).

